sábado, 26 de octubre de 2013

El tema de casi siempre


Larga conversación con Gallart, Coromina, Frigola. El tema de casi siempre: las mujeres. Los dos primeros vienen a decir, en definitiva, que como las mujeres no hay nada en el mundo. Tanto el uno como el otro son enamoradizos de casta y se derriten ante la ropa interior de las mujeres. Las pasiones del amor van ligadas, quizás, a una cierta petulancia temperamental. 

Frigola les deja hablar, indiferente y helado. Afirma contemplar el espectáculo de este mundo con una completa tranquilidad y una absoluta atonía. Se presenta como un fatalista acabado. Los pródigos -dice- no tienen la libertad de dejar de gastar dinero; los avaros no tienen la de gastarlo. Con las mujeres, con la generosidad de las mujeres para el amor, ocurre aproximadamente igual. Hay un tanto por ciento preciso, estadístico, cada año, de generosas; las otras son inasequibles, intocables. Respecto a éstas, todas las apariencias engañan. 

Coromina pregunta a Frigola si considera posible el aumento, en una forma o en otra, del contingente estadístico de mujeres, generosas y amables. 

-Quizá -dice Frigola- un régimen de alimentación adecuado, aplicado sistemáticamente, si fuese posible, sobre todo, acompañarlo de un régimen psicológico amable, podría aumentar un poco la cuota de que estamos hablando...

-¿Qué entiende usted por un régimen psicológico amable?

-Quiero decir -dice Frigola- liberar a la mujer de las preocupaciones materiales. La pobreza es incompatible con cualquier forma de sensualidad. La no liberación de las preocupaciones a que hago referencia puede llegar a vegetalizar  a un ser humano. La diferencia más visible entre Adán y Eva antes de haber comido la manzana y Adán y Eva después de la manzana es, quizás, ésta: antes, esta familia no tuvo preocupaciones y así la pareja pudo llevar una vida fácil, cómoda, generosa y regalada; después las preocupaciones se volvieron obsesivas y todo, notoriamente, se empequeñeció... Es éste el sentido, me parece, en el que el pecado original tiene, desde el punto de vista humano, la máxima profundidad.

Josep Pla, El cuaderno gris

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