miércoles, 2 de enero de 2013

Flipper


Me encontraba con una amiga en una de las tascas más pintorescas de mi ciudad, local sórdido que siempre me recuerda a mis años de Marruecos porque desde que uno entra por su puerta cabe esperar cualquier cosa. Decía que estaba con mi amiga, rodeados de la fauna variopinta tan característica de ese tugurio, cuando la conversación derivó hacia las comidas más raras que hubiésemos probado. Ella mencionó que había comido delfín. El camarero debía tener la oreja puesta, porque cuando pasados dos días regresé al bar, nada más verme me gritó desde el otro lado de la barra: ¡FLIPPEEEEEEEEEER!

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