domingo, 31 de julio de 2011

Polina


Cuando inicié el blog, pensaba dejar constancia en él de mis lecturas. Pero pronto me mostré reticente: si lo leído no era gran cosa, escribir sobre ello me parecía malgastar el tiempo. Si por otra parte, el libro o el tebeo me habían hecho disfrutar, temía no saber transmitir mi entusiasmo, no ser capaz de hacerle justicia con mis palabras. Pero tras la lectura de Polina de Bastien Vivès, sería injusto no intentar proclamar  a los cuatro vientos las excelencias de esta obra y este autor.

Bastien Vivès, premiado como autor revelación hace un par de años en el festival de Angoulême por El gusto del cloro, es hijo de Jean Marie-Vivès, ilustrador, fotógrafo y diseñador de decorados para cineastas como Jean Pierre Jeunet. Parece pues que se crió en un ambiente favorable para desarrollar sus inquietudes artísticas, de cuyos logros dan buena cuenta sus tebeos.

Lo primero que sorprende en Vivès, apenas 27 años -nació en 1984-, es su juventud, cuasi insultante si atendemos al número de obras maestras que ha dado ya al género. Tras la lectura de las deslumbrantes En sus ojos, El gusto del cloro y Amistad estrecha, pensaba que me resultaría imposible dar con un tebeo suyo que me hiciera disfrutar aún más que con los mencionados. Pero entonces publica Polina y vuelvo a caer rendido a sus pies, con mayor entusiasmo si cabe. 

El cómic narra la vida de una chica, desde que de niña comenzara a recibir clases de ballet clásico, hasta que ya de adulta consigue abrirse camino en el mundo gracias a la danza. De trasfondo, como hilo conductor de la historia, se sitúa la relación entre la protagonista y el que fuera su primer profesor de baile. Este es el verdadero corazón de la historia, lo que la engrandece y le insufla vida, perfilando una historia emotiva pero contenida. 

La maestría de Vivés tiene múltiples aristas: su elegante trazo, su destreza de la técnica narrativa, su apabullante capacidad de observación, su habilidad para conmover sin caer en la cursilería ni resultar pedante, su dominio de la gestualidad, la atención a los detalles, la facilidad para caracterizar a sus personajes con una economía de medios admirable, su autoexigencia a la hora de evolucionar y experimentar con nuevas técnicas en el dibujo -en Polina utiliza un bitono abandonando el color de sus últimas obras-, el poseer una sensibilidad especial, delicada y tan elegante como su trazo, su atinado uso de las elipsis, etc. Sus obras anteriores ya rezumaban todo lo anterior, pero en esta ocasión se hace todo aún más patente.

Bastien Vivès es lo mejor que le ha pasado al cómic europeo en los últimos años y sobre todo, un genio del medio, palabra la de genio que tan gratuitamente se utiliza y que sin embargo tan poco cabría usar si se hiciese con propiedad. Sus tebeos son los que me gustaría crear si supiese dibujar y tuviese talento.

Cuando terminé de leer Polina, pasaron dos cosas: lloré a lágrima viva -no porque la historia sea un drama, sino repito, por lo emotiva que resulta- y pensé en mi madre y en su querencia por los personajes que demuestran una lealtad inquebrantable y sentimental. Al contrario que a mi hermano o a mi padre, nunca le había regalado antes un tebeo. Recién terminé Polina, le escribí una dedicatoria y crucé la ciudad para acercárselo.

Ha pasado una semana de aquello. Hoy hablé con ella y le pregunté si se había leído el cómic. Me contestó que la rotulación es demasiado pequeña y que antes ha de ir a graduarse de nuevo las gafas para poder leerlo sin dificultad. "Pero la dedicatoria la leo todos los días. Varias veces", me dijo con voz emocionada. Bendito sea el Vivès. Otra razón más para estarle agradecido.

2 comentarios:

  1. Una reseña genial que ha hecho que aún aumentaran más mis ganas de leerlo. Ay, a ver si puedo conseguirlo de algún modo.

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  2. Lo conseguirás, claro.Nada detiene a una lectora inveterada cuando anda a la caza de un libro o tebeo.
    Saludos.

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