jueves, 14 de julio de 2011

Ahí hay que estar



Desde la primera vez que mi padre me llevó con cinco años, llevo décadas  visitándolo fielmente, con su peluquería entonces recién abierta en el centro de la ciudad. Y siempre me alegra verlo. Un gran tipo, discreto, sereno, pero divertido.
Hoy estaba cortándome el pelo, cuando he pensado en voz alta:

-"No se me puede olvidar llamar a la rubia cañón de mi curro, que hoy operaban a su madre".

Mi peluquero, dejó lo que estaba haciendo, y con énfasis, mientras me señalaba con el dedo índice, dijo:

-"¡Eso, eso, ahí hay que estar!"

Risas de ambos.

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