domingo, 19 de junio de 2011

No concibo otra forma de actuar


Sobre el café Hawelka, por cierto, hay una anécdota que refleja bien el carácter de Bernhard y, sobre todo, hasta qué punto protegía su intimidad. Durante mucho tiempo, fue cliente habitual de ese café, hasta que un día, un admirador que estaba allí quiso que le dedicara uno de sus libros. No se atrevió a molestarlo, pero habló con la anciana señora Hawelka, famosa por su hospitalidad, pidiéndole que intercediera. Frau Hawelka, que mantenía excelentes relaciones con Bernhard, atendió el ruego y Bernhard firmó el libro sin rechistar..., pero no volvió jamás al café.
Miguel Sáenz, Thomas Bernhard Una biografía

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